lunes, 14 de noviembre de 2016

¡Todas tus vitaminas en un vaso!



Los zumos naturales son una forma sabrosa y cómoda de consumir frutas y verduras frescas. Te proponemos siete deliciosas combinaciones especialmente ricas en minerales y vitaminas.

Carotenos

Más allá de su bonito color naranja y su agradable sabor acidulado, este zumo de zanahoria y albaricoque destaca por su gran concentración de betacarotenos. Estos antioxidantes, precursores de la vitamina A, protegen frente a diversos tipos de cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Además, son esenciales para conservar la agudeza visual y proteger la piel. El zumo también aporta vitaminas del grupo B y C, E, D y K. Y es rico en minerales como el potasio. Para elaborarlo se necesitan tantas zanahorias como albaricoques. Se licúan y se sirve frío.

Energético

Este cóctel de cereza y frambuesa está repleto de vitamina C. Es adecuado para los deportistas porque es una buena fuente de azúcares rápidamente asimilables. Además aporta antioxidantes de gran calidad que refuerzan el sistema inmunitario y protegen de la degeneración celular. Otras vitaminas presentes en él son la B1, B3, B9, D y carotenos, junto a minerales como potasio y magnesio. Por otra parte, es un excelente depurativo, diurético y laxante. Se licúan veinte cerezas deshuesadas y veinte frambuesas por persona. Se mezclan con un poco de hielo picado y se añade el zumo de medio limón.

Depurativo

Este zumo tropical de piña, papaya y naranja, sabroso y refrescante, proporciona muy buenas dosis de vitaminas C, B1 y B3, así como de calcio, magnesio y potasio. Resulta diurético y desintoxicante. Tanto la papaya como la piña contienen enzimas –la papaína y la bromelina– que facilitan la digestión de las proteínas, lo que lo hace idóneo para acompañar comidas copiosas. La naranja favorece la secreción biliar. Se pasa media papaya bien madura por la batidora o la licuadora, junto con un cuarto de piña fresca. Luego se añade el zumo de una naranja y un poco de hielo picado, y se mezcla bien.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Los alimentos más sanos (según los nutricionistas)



Lo que tú piensas que es sano puede que no sea tan sano para un nutricionista. Si pensabas (a ciencia cierta) que la granola, la quínoa o el aceite de coco (por solo nombrar algunos) eran superalimentos, te interesan las conclusiones a las que ha llegado The New York Times luego de realizar una curiosa encuesta entre público en general y nutricionistas miembros de la Sociedad Americana de Nutrición, preguntando a ambos grupos sobre el carácter saludable de unos 50 alimentos. Alimentos como el sushi, la granola, el hummus, el aguacate, la quínoa, el yogur helado o wl tofú y que, según estudios de Google, son protagonistas habituales de las búsquedas de los usuarios a la hora de confirmar si son alimentos healthy (o no). Las conclusiones, tan interesantes como sorprendentes, pueden resumirse así.



Granola, aceite de coco y yogur helado…

no muy saludables

Según esta encuesta de The New York Times, hay ciertos alimentos que generan opiniones encontradas entre nutricionistas y mortales. Es decir, hay alimentos que podemos considerar sanos y que, según los expertos, no lo son tanto. Ponemos varios ejemplos extraídos de las conclusiones de este estudio: las barritas de granola, el aceite de coco y el yogur helado. Si hasta ahora la mayoría de los mortales los incluíamos en la lista de alimentos healthy, la mayoría de los nutricionistas que han participado en esta encuesta no creen que lo sean. De hecho, ni siquiera un tercio de los nutricionistas encuestados los consideran “alimentos saludables”. El estudio también sugiere que uno de los motivos que explican esta diferencia de opiniones es que son alimentos con azúcar añadido cuya presencia conocen los expertos pero no la población. Y es que es habitual que la gente no tenga claro la diferencia entre el azúcar presente en los alimentos de forma natural y la añadida.



Sobre la quínoa, el tofú, el sushi y el hummus

Aunque en Bolivia tenemos más que asumido que la quínoa es un superalimento (y nativo), parece que en Estados Unidos no es así. Y es que este grano forma parte del grupo de alimentos que, según esta encuesta, son considerados saludables por los nutricionistas pero no tanto por el público en general. Solo algo más de la mitad de los encuestados creen que la quínoa y el tofú sean alimentos sanos, frente al casi 90% de los nutricionistas que sí lo piensan. Con el sushi ocurre algo similar: solo el 49% de los encuestados creen que es sano frente al 75 % de los nutricionistas. The New York Times explica esta diferencia de opiniones: “Una razón podría ser que muchos de estos alimentos son nuevos en las dietas americanas convencionales”.

Un último grupo que llama la atención en esta encuesta es el de alimentos que generan “sentimientos encontrados” a la hora de definir si son saludables o no. Y es que al referirse a ellos no ha habido unanimidad ni entre nutricionistas ni entre el público general. Ese es el caso de las palomitas de maíz, la leche entera y la carne roja.




Agua desintoxicante

Sabemos que la comida chatarra y las bollerías son causantes de grandes problemas de salud, entre ellos la acidificación de la sangre, que con el tiempo desencadena en otras patologías. Una alternativa para paliar este efecto es el consumo de agua alcalinizada. ¿Por qué?

¿Qué le pasa al cuerpo?. Lo que sucede es que al consumir comida “chatarra”, ya sea frituras, gaseosas o bollerías, la sangre llega a un nivel ácido que puede provocar desde diabetes hasta cáncer, explica el nutricionista y dietista David Ruiz. “Las células se vuelven anaeróbicas y dejan de funcionar por la falta de oxígeno”, dice.

Niveles de alcalinización. Es decir, al quitar el oxígeno a las células, muchas funciones orgánicas dejan de funcionar. Se dice que la sangre con acidez tiene niveles por debajo de 6.9 y cuando está alcalinizada tiene un nivel arriba de 7. Para quitar la acidez en la sangre es necesario consumir alimentos alcalinizantes o beber el agua alcalinizada, explica Ruiz.

Mejor asimilación. El agua alcalina no solo ayuda a eliminar los desechos tóxicos del cuerpo, resalta Mario Suárez, encargado de marketing del Agua PH10 y, sino que también reduce la acidez en todo el organismo, en especial, el agua que distribuyen ya que por la naturaleza PH10 son mejor asimilados por el cuerpo.

Previene el envejecimiento. Uno de los efectos que esta bebida tiene es que previene el envejecimiento prematuro debido a la naturaleza ionizada que contiene el agua y sus antioxidantes que buscan destruir los radicales libres principales responsables del envejecimiento y de enfermedades. “Los mayores filtros del cuerpo son los riñones que dependen del agua para trabajar en su máximo rendimiento. A medida que envejecemos esta capacidad disminuye, lo que hace que beber agua sea aún más fundamental para una adecuada desintoxicación”, explica.

Efecto purificador. De igual manera contribuye a la buena salud digestiva ya que beber “sorbos” de agua durante la comida ayuda al cuerpo a absorber y digerir mejor los alimentos. Con ello se produce más saliva y ayuda a transportar los alimentos a lo largo del tracto digestivo. Y aunque existen rumores sobre su utilización para pacientes que tienen ciertas patologías, Suárez comenta que investigaciones demostraron que las personas que beben suficiente agua tiene menos probabilidades de padecer un ataque cardíaco u otros que destacan que ciertas células malignas no sobreviven en medios alcalinos.

Puede afectar la forma de comer Cuidado con las emociones

Los antojos como las galletas, los chocolates, los pasteles, el frapuccino con crema batida, las papas fritas, los caramelos, las golosinas, el helado, las frituras, las pizzas, etc. no son el problema, solamente constituyen la punta del iceberg, la pregunta es ¿qué es lo que está debajo del agua?. El cuerpo es una máquina perfecta y como tal, nunca falla, cuando detecta que algo no está funcionando bien, emite señales.

Si se tarda mucho en escuchar esos mensajes, esas señales se manifestarán fuerte y abruptamente como sucede cuando sientes ansiedad por ciertos alimentos.

El cuerpo da señales. La ansiedad por la comida justamente es la manera que el cuerpo tiene para enviar el mensaje de que es prioritario mantener el balance, por lo se debe aprender a escucharlo. Mucha gente ve a la ansiedad por los antojos como una debilidad o falta de disciplina para mantener el control frente a ciertos alimentos, pero, esa idea está algo alejada de la verdad.

Expertos indican que hay que pensar que el cuerpo es como un “bebé llorón” y a través del llanto expresa que algo le falta pues no tiene otra forma de hacerlo; su mamá tiene que descubrir qué le pasa y por qué medio ir descartando posibles situaciones como: hambre, está mojado, sueño, heridas, duele algo, qué otras reacciones físicas presenta y con qué intensidad manifiesta sus emociones llegará a un diagnóstico y le proporcionará inmediatamente los cuidados para que el bebé encuentre bienestar muy pronto.

Si lugar al descontrol alimenticio. La mayoría de los alimentos que llegan a la mesa han sido altamente procesados y los nutrientes en su gran mayoría (principalmente los minerales, las vitaminas y enzimas) se han destruido como ocurre con los cereales refinados como el arroz y el trigo con el que se hace el pan blanco, pasteles, pastas, masa para pizzas, etc. Además la comida que se cocina a altas temperaturas (cuando se fríe, hierve o se pasteuriza) se desvitaliza perdiendo sus valiosos nutrientes por los efectos del calor.

Lo anterior trae como consecuencia que aunque se coma mucho, si la alimentación no es adecuada, el cuerpo pedirá a gritos que le proporcionen nutrientes de buena calidad y la forma que tiene para expresarse es provocándote un estado de ansiedad por comer. La clave para tratar la desnutrición está en mejorar la calidad de la alimentación comiendo más comida de alto valor nutricional que aporte más nutrientes y menos calorías. En conclusión la manera de comer descontrolada puede tener un origen emocional, por eso recomiendan ser más considerados con uno mismo y aprender a escuchar la sabiduría interna.

1. Tomar agua.
Mucha gente sufre de deshidratación crónica y lo confunde con hambre.

2. Consumir fibra.
Aumentar su consumo a través de la ingesta de verduras.

3. Suplementos.
Mejor que contengan una mezcla de vitaminas y minerales.

sábado, 5 de noviembre de 2016

La verdad del jugo quema grasa que se volvió viral

Se han mezclado ingredientes que favorecen a una persona que quiere bajar de peso, indica la ingeniera de alimentos, Isela Caballero al escuchar la receta del jugo "milagroso", que según sus creadores "derrite la grasa del estómago". El video subido por el canal "Salud y usted" en YouTube se ha convertido en el más visto en estos días y El Día ha consultado con dos expertas para saber la verdad de esta bebida.

Una combinación. La combinación especial de varios ingredientes como el plátano, las semillas de linaza, el jengibre rallado, la piñas y almendras, puede ser tomado sin ninguna preocupación, enfatiza Caballero.

Eso sí, no se debe tomar por largas temporadas. "Puede ingerirlo una semana y descansar otra", agregó.

Recordó, que una dieta sana, equilibrada en hidratos de carbono, proteínas y grasas y repartida en cinco comidas al día con raciones moderadas y combinada con ejercicio constante es la mejor fórmula para tener un peso saludable.

Cuidado con el efecto rebote. Para la nutricionista Claudia Vargas esta bebida se caracteriza por la combinación de alimentos diuréticos. Destaca, la función del jengibre, que es un alimento que dentro de sus propiedades ayuda en la regulación del metabolismo del organismo. "Este tipo de métodos logra maravillosamente disminuir talla y peso pero con una probabilidad de que tengas un efecto rebote con el tiempo", advierte.

Recomiendan consultar con un experto. La especialista subraya que si bien solo se están utilizando alimentos de forma natural no todos los organismos son iguales. "Profesionalmente recomiendo a las personas que deseen bajar de peso que mejor acudan a una consulta con una nutricionista y no a recetas que encuentren en alguna página de internet", subrayó.

La receta 'milagrosa'. Mientras tanto, el video de la receta que consiste en un plátano, una cucharada de semillas de linaza, otra de jengibre rallado, media taza de rodajas de piñas y un tercio de taza de leche de almendras, sigue sumando vistos y me gusta. La fórmula, publicada el 12 de octubre acumula más de 3,3 millones de reproducciones y entre los comentarios, se encuentran casos de éxitos de personas que la han probado.

Los tomates pierden sabor en la heladera



Un estudio comprueba cómo el frío afecta a la actividad de alguno de los genes del tomate, lo que hace variar su sabor.

Un estudio fue publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de EEUU.

Las temperaturas inferiores a 12ºC (posiblemente la cámara de su electrodoméstico ronde los 4ºC o menos) puede hacer que los tomates estén muy frescos, pero dificultan las enzimas que ayudan a sintetizar los compuestos aromáticos volátiles, muy importantes para que sean gustosos, y el resultado es relativamente insípido.

Para descubrir las bases genéticas de la pérdida de sabor asociada al enfriamiento, Harry Klee, de la Universidad de Florida, y sus colegas conservaron distintas variedades puras de tomates maduros rojos a 5°C durante un, tres o siete días, después de lo cual los frutos fueron transferidos a 20ºC durante un o tres días.

La medición de los compuestos volátiles reveló que siete días después de la exposición al frío se redujeron los niveles en hasta un 65 por ciento. Tres días de recuperación a la temperatura más alta no pudieron restaurar los volátiles a niveles normales. Un grupo de 76 consumidores juzgaron los tomates conservados a 20°C después de una semana de refrigeración mucho menos sabrosos que los cosechados un día antes de su consumo.


21 pequeños gestos para comer mejor sin sacrificios

Usar un plato para las patatas fritas:

Una investigación llevada a cabo por el Centro Nacional para la Prevención de Enfermedades Crónicas y Promoción de la Salud de EEUU (NCCDPHP) concluyó que se comen muchas más patatas si las cogemos directamente de la bolsa que si las ponemos en un cuenco o plato.

Tener a mano un puñado de cacahuetes (maníes):

Según un estudio publicado en la revista International Journal of Epidemiology, el contenido de los cacahuetes en proteínas, aminoácidos, minerales como el potasio, magnesio y el fósforo, vitamina E y ácido fólico, contribuye a alargar la vida. Debido a su alto valor energético, no conviene abusar de ellos, pero su efecto saciante los convierte en un buen aliado de la dieta. Eso sí, con mesura. Y mejor si no tienen sal.

Tomar la fruta entera, no en zumos:

“Un zumo contiene dos o tres piezas de fruta, lo que significa: mucha azúcar y poca fibra [la pulpa se queda en el exprimidor]. Además, masticar produce una sensación saciante mayor que la de beber”, contaba Nuria Guillén, dietista-nutricionista del hospital San Joan de Reus y profesora en la Universidad de Tarragona. Por su parte, una fruta entera tiene todos los nutrientes necesarios para que la sacarosa se digiera de forma lenta y saludable.

No desayunar galletas:

“La bollería, las galletas y los cereales azucarados de desayuno son prácticamente lo mismo: comida muy poco recomendable”, asegura Luis Jiménez. Si comprueba la cantidad de azúcares añadidos que tienen estos productos, se le quitarán las ganas de empezar el día con ellos. Aunque el desayuno perfecto depende de cada persona, un yogur con frutas o una tostada con tomate y aguacate son opciones igualmente deliciosas, y mucho más saludables.

Beber, simple y llanamente, agua:

Déjese de refrescos cuya cantidad de azúcares añadidos los convierten en el caballo de Troya de cualquier dieta saludable. Hidrátese con agua, pero tampoco hace falta excederse: un consumo compulsivo y sin sed puede afectar al funcionamiento de los riñones y a la composición sanguínea. La recomendación del doctor Fernando Pérez Escanilla, responsable de Salud Pública de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) es la siguiente: “Lo bueno es beber alrededor de litro y medio de agua diario”.

Añadir garbanzos a la ensalada:

Son fuente de proteínas, hidratos de carbono complejos y fibra. Se trata de un alimento completo y saciante. En épocas de frío, puede cambiar la ensalada por unas lentejas.

Tomar de postre chocolate. Pero negro:

“Su carga de antioxidantes puede prevenir enfermedades cardiovasculares, mejorar el estado de ánimo y potenciar la memoria. Contiene flavonoides, Teobromina, catequinas, fibra, polifenoles, vitaminas A, B1, B2, C, E y B y minerales”, señala la doctora Paula Rosso. Pero mejor si es negro: "Tiene un mayor porcentaje de grasas saturadas y de azúcares, una de las combinaciones de sustancias artificiales que producen más reacciones cerebrales. Además, el consumo excesivo de dulces aumenta el deseo de consumir grasas”, explicó José María Escudero, nutricionista de las Clínicas S&O (España).

Elegir leche entera:

Las grasas tienen la peor fama de los productos alimenticios. Pero la procedente de los lácteos no es el enemigo. Un trabajo de la Escuela de Salud Pública de Harvard (EEUU) afirma que reduce el riesgo de diabetes y el de sufrir obesidad.

Acostumbrarse al sabor del café:

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo máximo de 25 gramos diarios de este nutriente. Sin embargo, el consumo excesivo se asocia al riesgo de padecer sobrepeso y obesidad –los hidratos de carbono que consumimos de más, y por tanto no quemamos, se convierten en grasa en nuestro organismo– y a la diabetes: una vez más, en exceso, el azúcar promueve elevados niveles de glucosa en sangre, que a su vez propician altos niveles de insulina encargada de retirar el azúcar en la sangre.

Comer un huevo diario:

Desterremos de una vez la asociación entre huevos y colesterol. Un metaestudio publicado en 2013 por el British Medical Journal concluyó: “un mayor consumo de este alimento (hasta uno al día) no está asociado con un mayor riesgo de enfermedad coronaria o accidente cerebrovascular”. Es un producto "con proteínas de elevada calidad nutricional y numerosas vitaminas, minerales y otros componentes con función antioxidante”, asegura Ana María López Sobaler, directora del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la UCM.

Atender a su plato, no a lo que pasa alrededor:

“Coma sin prisas, focalizado en la comida y sin elementos externos que le entretengan demasiado, como la televisión”, propone Luis Jiménez, químico y autor de varios libros como "Lo que dice la ciencia para adelgazar" (Plataforma). Un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition afirma que se tiende a comer más cuando se practica la multitarea.

Probar a cocinar las verduras de otro modo:

“Es recomendable una dieta en la que predominen las verduras, las frutas, el aceite de oliva, el pescado y se huya de las grasas saturadas”, aconseja el doctor Pérez Escanilla.

No comer sin ganas:

Una de las recomendaciones nutricionales más habituales es la de comer cinco veces al día. Pues bien, la evidencia científica se muestra reticente a asegurar que esto suponga una verdadera mejora. Si no tiene hambre: no coma.

Vaciar la despensa de comida basura:

“Ni siquiera lo que guarda para imprevistos”, sentencia Jiménez. Porque finalmente, esa ocasión será mucho más habitual de lo que pretendía.

Cambiar la sal por especias:

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) aconseja la reducción del consumo de sal para prevenir los accidentes cerebrovasculares y cardíacos. Una buena forma de hacerlo es usar especias para fomentar el sabor sin tener que añadir sal.

Hacerse con una colección de “tuppers”:

La organización ayuda a la dieta saludable. Dejar preparada la comida que al día siguiente nos llevaremos al trabajo ayuda a que no nos hagamos cualquier cosa en el último momento o acabemos tirando de comida precocinada.

Desayunar cereales (si son integrales):

“Si compra alimentos integrales, asegúrese de que al menos un 10% de sus carbohidratos sean fibra”, afina Jiménez. Las etiquetas nutricionales de los alimentos cada vez son más completas, acostúmbrese a consultarlas.

Ir a hacer compras después de comer:

Haga una lista de lo que necesite e intente ceñirse a ella. Si acude al supermercado con el estómago vacío, las probabilidades de que meta en la cesta caprichos y alimentos poco saludables es mucho más alta.

Evitar acercarse a la máquina de refrescos:

Una sola lata puede contener 40 gramos de azúcar, lo que supera, de lejos, el total de la cantidad diaria recomendada por la OMS. A pesar de las constantes campañas para lavar su imagen, cuanto más lejos se encuentre de un refresco, mejor.

Comprar alimentos frescos congelados:

Los alimentos frescos -como pescados o verduras- se congelan justo en el momento de su recolección, por lo que "conservan perfectamente los nutrientes y las propiedades que los no congelados”, explica Luis Jiménez. Además, como normalmente están listos para cocinar, evitamos que la pereza nos lleve por sendas menos saludables.

Aliñar con aceite de oliva:

Es el elemento más laureado de la dieta mediterránea y tiene sus razones. Según un estudio de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), el consumo moderado está asociado a una menor incidencia de accidentes cardiovasculares.