viernes, 25 de agosto de 2017

Leche hay una sola y es de vaca

El consumo de leche es importante en cualquier edad, no sólo en niños, lactantes o adultos mayores, pero con el auge de otros tipos de alimentación como el veganismo, la leche y sus derivados perdieron su lugar preferido, acusados de provocar trastornos o enfermedades.

La nutricionista María del Pilar Milke defiende su consumo y explica sobre el riesgo de eliminarlos de la mesa familiar, sobre todo en la infancia.

¿En qué momento la vaca dejó de ser esa generosa aliada que los chicos dibujaban en sus cuadernos para transformarse en la enemiga pública número uno? La respuesta no es una sola, pero los cambios sociales de las últimas décadas nos dan una clave importante.

Con la expansión de las medicinas alternativas, las dietas vegetarianas y sus variantes, como el veganismo (que propone la abstención de cualquier tipo de alimento de origen animal, incluida la miel) los lácteos dejaron de ser esa panacea del menú hogareño y se los empezó a señalar como causantes de alergias, afecciones estomacales y respiratorias, y hasta cáncer.

La irrupción de internet no hizo más que aportar a la confusión; lo que antes se discutía en un consultorio ahora es materia de debate en blogs, redes sociales o sitios de aficionados. “Lo terrible es que se afirman cosas que no están sostenidas por ningún estudio serio. Desde hace 10 mil años, cuando el hombre dejó de ser nómada y comenzó la vida sedentaria para dedicarse al cultivo y a la cría de ganado, los lácteos acompañaron su evolución”, alerta Milke. “Nuestros antepasados descubrieron que la leche es un alimento completo, aporta proteínas, hidratos y grasas, además de micronutrientes como vitaminas y minerales. Es muy versátil en la cocina y se puede consumir en todo el ciclo de vida”, explica la nutricionista.

FUENTE DE SALUD

Para planificar la dieta, cuidar la salud y eventualmente consultar con un médico cualquier duda, hay algunas cuestiones fundamentales para entender por qué, cómo y cuándo es bueno consumir leche.

Cuando hablamos de lácteos nos referimos a la leche de vaca y sus derivados, como el yogur y el queso. Estos aportan proteínas de alto valor biológico, todos los aminoácidos esenciales, calcio y vitaminas como la D y las del complejo B, entre ellas la B12, que solo está presente en los alimentos de origen animal. El calcio y la vitamina D son fundamentales en la formación de huesos y dientes, y junto con el fósforo y el magnesio colaboran en la prevención de la osteoporosis.

La recomendación es cubrir 1000 miligramos de calcio por día, que se consiguen con un vaso de leche, un yogur y una porción de queso (en total tres porciones, según la Guía de Alimentación Saludable). Es preferible elegir quesos blandos, ya que tienen menos grasa y sal que los duros. Y en general, conviene optar por los descremados, ya que su proporción de grasa es mucho menor, pero conservan todas las propiedades nutricionales; los niños a partir de los 2 años ya pueden consumirlos.

Los lácteos son fundamentales en la dieta de los chicos y los adolescentes, ya que la mayor reserva de calcio en el organismo se da hasta los 25 años de edad. En las mujeres que no alcanzaron a cubrir una cuota adecuada, el riesgo de sufrir osteoporosis es mucho mayor.

Por otra parte, el calcio que se obtiene de los lácteos tiene una biodisponibilidad mayor que el de los vegetales; es decir que aunque una taza de leche y una de almendras tengan casi la misma cantidad de este mineral, nuestro cuerpo aprovechará mucho más el calcio de la leche.

La leche también es importante para la hidratación, ya que se compone de agua en un 90 por ciento. Por eso es ideal para los deportistas, ya que además de rehidratarlos los ayuda a reponer proteínas.

Por su composición, los lácteos son excelentes vehículos para otros nutrientes, como hierro, fibras, vitaminas A y D y fitoesteroles, que se agregan industrialmente. Así, un pote de yogur puede cubrir necesidades nutricionales específicas y ser una colación o snack excelente mezclada con frutas secas, cereales, etc.

LÁCTEOS EN LA MIRA

Ante la tendencia de reemplazar los lácteos por productos de origen vegetal, Milke afirma: “La única leche es la de vaca; hay que utilizar correctamente las categorías y no confundir a la gente. No hay ‘leche de almendras o de mijo’, sino jugo de almendras o de mijo”.

En este sentido, la profesional aclara que “hay productos de soja adicionados con calcio, vitamina D, pero es mucho más trabajoso llegar a los niveles de calcio necesarios sin consumir lácteos, y además, es más caro. En los chicos también se juegan los hábitos; es más difícil que se acostumbren al sésamo, la almendra, la espinaca, el salmón, pero es más probable que les guste un flan o un yogur”.

Respecto de la peligrosidad de los aditivos o conservantes, las especialistas coinciden en que no existe ningún riesgo en ese sentido: los aditivos de la leche son de vitaminas, y aunque se puede encontrar una pequeña cantidad de sustancias pesticidas en la leche (que absorbe la vaca cuando pasta en el campo), su nivel es mínimo y no implica un riesgo para la salud.

Milke también aclara que nunca debe consumirse la leche directamente del animal, sino siempre elegir la pasteurizada y homogeneizada. Y tampoco debe hervirse, ya que sus condiciones higiénicas son óptimas y al hervirla se pierden nutrientes.

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